sábado, 26 de mayo de 2012

Memorias de un Felipe.. Cap. 1

Me estoy acordando de aquella noche, una noche cualquiera de viernes.
Me acuerdo que estaba sentado en mi cómoda cama. Esperando que empezara el programa de música más importante en el país, Euroclub. Por fin empezó, comenzó a hablar Uri Sabat, el presentador. Estaba tan emocionado que por además de haber empezado el programa la primera canción que pusieron fue la de Without You- David Guetta ft. Usher. Pero no la pude escuchar completa como me hubiera gustado. Ya empezaban otra vez, otra vez con los gritos, con los golpes, con los insultos seguidos de llantos de mi madre y rematado por las reclamaciones de mi padre. Aun, con la puerta cerrada y los auriculares con la radio al máximo volumen, los podía sentir perfectamente. Eso ya no era una familia de tres, llevábamos una temporada así. No lo soportaba, se peleaban todo el rato. Yo no podía hacer nada, sólo era un niñato de catorce años. No podía impedir que los dos fueran como el agua y la electricidad, como el negro o el blanco. Que ya no fueran uno, que fueran dos. ¡Qué ya no lo soportaba más! Que estaba cansado de que cada noche de gritos yo me la pasara llorando.
Era joven muy joven y como sabéis de joven las personas hacen muchas locuras, yo cometí una. Me arrepiento mucho, demasiado. Me arrepiento de haber cogido la mochila y haber quitado todos mis libros, haber puesto la ropa justa y necesaria que creía conveniente. Sí. Me iba a escapar de esas cuatro paredes donde los ruidos no eran los de la TV en cambio los de mis padres discutiendo.
Eran aproximadamente las cuatro de la madrugada, mi padre estaba durmiendo en el sofá del comedor, mi madre dormía en el dormitorio principal.
Todas las luces estaban apagadas, me guiaba por la luz de mi BB, estaba tocando el pomo de la puerta, no podía irme así, sin más. Al menos había dejado la habitación limpia y ordenada, pero… Coño que tenia a las dos personas que más me querían en esta vida, Me devolví a mi habitación, cogí una libreta y un bolígrafo empecé a escribir con un fin de despedirme…
Cuando acabe arranque la hoja de la libreta y la dejé encima de mi cama, eran unas cortas líneas, pero creo que con eso podía expresar mis sentimientos, mis emociones.
Al final tome la cruda decisión de coger el pomo de la puerta principal. El pomo estaba frio, creo que más de lo normal. Me temblaban las manos, sentía que estaba dejando muchas cosas, pero la decisión ya estaba tomada. Pensé si me dejaba algo, y inmediatamente reflexione que moverse significa gastar dinero. ¿Se puede saber dónde iba yo con apenas una mochila llena de ropa?
Me devolví otra vez a mi habitación, levante mi colchón, muy suavemente para crear el más mínimo ruido posible, cogí los trescientos cincuenta euros que tenia ahorrados, además cogí mi cargador de la BB. Fui saliendo de mí habitación. Sentía que me dejaba algo, mire atrás vi mí escritorio, vi el bolígrafo y la libreta. No lo dude si lo tenía que llevar conmigo. Rápidamente cogí la libreta y el bolígrafo, lo deposite en la mochila. Intente cerrarla pero no podía. ¿Qué había pasado con la cremallera? Hice mucha fuerza y al final lo logre. ¡La cerré!
Estaba preparado para poner mis pies en la calle. Eran casi las cinco y media de la madrugada. Abrí la puerta silenciosamente. Salí de mí casa. No quería mirar atrás, sabía perfectamente que si giraba la cabeza me entraría una cosa muy rara, creo que nostalgia, y por lo tanto me haría devolverme.
Veía el alba, nunca la había visto. Era tan mágica. Sabía de donde venia pero no sabía a donde iba. Tenía que escapar de esa ciudad, creo que tenía que empezar de nuevo, una nueva vida.
Me dirigí, no sé porque, a la estación de tren. El tren estaba a punto de llegar, el que mejor me iba era Reus-Alicante, corrí rápido a comprar el billete. Sesenta euracos me sacaron los hijos de puta. No me importaba cuanto tenía que pagar. Me subí al tren ya eran casi las seis y cuarto. Estaba muerto de sueño. ¡Me había olvidado mis queridos auriculares! No podía ser, pero gracias a Dios la Renfe siempre te regalaba unos bonitos auriculares rosas. Cogí mi BB, puse Me voy-Julieta Venegas. A la vez que escuchaba:
“Que lástima pero adiós me despido de ti y me voy, que lástima pero adiós me despido de ti”
Mientras escuchaba esa canción, que describía mi situación, estaba abriendo el Tuenti, no podía irme sin haberme despedido de mis pocas amistades. A cada uno les deje un texto, estaba muy emocionado.
Llegue a Alicante. ¿Y ahora qué? ¿A dónde voy?
Fui caminando las calles de Alicante, caminaba y caminaba. Sólo caminaba. Estaba respondiendo unos mensajes con mi BB nunca dije en que sitio me encontraba.  Ahora si podía pensar: “Yo y el mundo, el mundo y yo” Solo, sin miedo a nada. Pasaron las horas, había comido en el McDonals. Estaba viendo que el dinero se me acababa. Me acuerdo que era de noche, las once. No sé donde podría dormir. De lo cansado que estaba decidí sentarme a reposar en un paso de cebra. La gente pasaba, a medida que las manecillas del reloj se movían la gente mermaba. Pero acuerdo que hubo una persona que me cambió la vida. Estaba circulando los coches. Cuando una jovencita, unos 18 años, no sé por qué carajo atravesó ese paso de cebra. Me pare inmediatamente al ver que un Audi A4, iba muy rápido, me pare, no me lo pensé dos veces, estire mis piernas y cuando menos lo pensé yo estaba empujando a la chica, estilo película. Estaba tirando en el suelo, recuerdo que las líneas blancas del paso de cebra, ya no eran del todo blancas, si no que tenían tacas rojas, me intente levantar para ver cómo estaba ella pero… no sentía las piernas. Ella si se pudo levantarse, sorprendida me pregunto:
   ¿Estás bien? —dijo ella con una gran angustia.
   Sí, tranquila no te preocupes. —Respondí, aguantándome el dolor tan fuerte que sentía en el pecho.
   ¿Lo dices de coña no? Cómo vas a estar bien, si parece que te estes desangrando.
   Tranquila, tú vete — No sé el porque me estaba comportando de esa forma.
   Ven, levántate que nos vamos a urgencias, ya.
   No me puedo levantar — dije susurrando.
 ¿Qué? —dijo ella desesperada.


Si queréis seguir leyendo ir al capítulo dos: Memorias de un Felipe. Capítulos

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